Vive en mí el otoño…

Llega el otoño con sus lluvias y la caída de las hojas de los árboles… Mientras paseo por las calles, el viento cargado de humedad zarandea mi pelo y la nostalgia que se hace presente viene acompañada del olor a castañas asadas y de las luces mortecinas de las farolas.

Los días se han acortado y la caída de la tarde con sus colores ocres y violetas tiñe los adoquines mojados…

La lluvia repiqueteaba de nuevo en el tragaluz; ese era el sonido de la soledad, se dijo con  tristeza… (La Tabla de Flandes)

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El otoño me lleva a un estado de ensoñación y melancolía, que me hace asociarlo a la llegada de una temporada de liberación. Al igual que los árboles de hoja caduca pierden sus hojas y la lluvia limpia las calles de la polución y renueva el agua de los ríos y pantanos, en mí se produce el recambio de la piel castigada por el inclemente sol del verano y los estragos causados por un año de intenso trabajo y algún que otro disgusto.

Este viento otoñal se lleva lejos, muy lejos, viejas sombras pesadas que  se habían posado sobre mis hombros, haciéndome más pesada, aún si cabe, la carga de mi existencia humana. Una lluvia lenta y abundante purifica mi corazón, refresca mi interior, limpiando suavemente mi piel, dejando que afloren nuevas arrugas nacidas del inclemente paso del tiempo. El olor a tierra mojada renueva mi alma, se impregna de suaves olores y colores tenues, preparándose para la llegada del invierno, período durante el cual pienso comenzar una etapa de hibernación y reposo, antes de la llegada de la ruidosa y movida primavera.

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Me dispongo a esperar la llegada del frío entre cálidas y gustosas mantas de lana, tazas de humeante chocolate y torres de libros. Montañas de libros por leer junto a mi inseparable libreta de notas y mi boli preferido… ¿Qué haría yo sin mis libros?

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Es mi universo particular, y no puedo describir con palabras el placer que me produce sumergirme en ellos. Una y otra vez. Sí, una y otra vez, porque hay libros que los releo todos los años, y en cada nueva lectura extraigo conocimientos, sensaciones, y viajes hacia mundos ya perdidos entre el tiempo y la bruma…

Le enseñó que cualquiera que aspire a conservar su sano juicio necesita un lugar en el mundo en el que pueda y desee perderse. Ese lugar, el último refugio, es un pequeño anexo del alma al que, cuando el mundo naufraga en su absurda comedia, uno siempre puede correr a encerrarse y extraviar la llave… (El laberinto de los espíritus)

 

Feliz domingo de otoño…

Bso:American love

2 comentarios en “Vive en mí el otoño…

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